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Pasamos cuatro noches en la cabaña y fue justo lo que necesitábamos: silencio, vista al lago y una chimenea que ya estaba armada cuando llegamos. El desayuno con pan casero y dulce de rosa mosqueta nos encantó. Eso sí, el wifi no llegaba al dormitorio del fondo, pero la dueña nos dejó usar el living para trabajar. Ideal para una escapada en pareja.